domingo, 9 de enero de 2011

Nicotina, alquitrán y Francisco Álvarez Cascos.

Pues que haya suerte!!
Dos estupendas noticias para abrir el año (ya era hora): la abolición de la obligación de fumar para quienes no deseamos hacerlo en lugares públicos, y la escisión (aun a pequeña escala) de la derecha más extrema del PP.

Con respecto a la primera, no encuentro manera de expresar mi agradecimiento a quienes lo han hecho posible. Ahora sólo queda exigir a los poderes públicos competentes su cumplimiento (que parece está siendo generalizado) y la sanción ejemplarizante para esos pocos hosteleros que han decidido que su particular antojo está por encima de lo establecido por la voluntad general de la nación expresada a través del Parlamento, en una ley aprobada con el consenso general de todas las fuerzas políticas.

La segunda noticia no es tan importante para el día a día del ciudadano medio, pero su alcance político puede ser enorme. La refundación de la antigua Alianza Popular en el Partido Popular supuso la inclusión en él (no la desaparición como creyeron algunos) de los grupúsculos tanto políticos como sociológicos, de la más rancia extrema derecha franquista de este país. Fuerza Nueva desapareció del mapa político español, y su electorado pasó a engrosar sin solución de continuidad las filas del PP. Esto, que en su momento suscitó el aplauso general, dio lugar a lo que sucede siempre en estos casos: los extremistas acabaron por hacerse con las riendas de la organización que parasitaron. En el PP había sucedido ya con esa “derecha sin complejos” que gobernó España hasta el 2004, y cuyo adalid era, precisamente, el ínclito Álvarez Cascos.

Esta derecha entre la derecha, jaleada por el mismísimo José María Aznar, su líder natural, no puede consentir el verse relegada a la cuarta fila que le corresponde si es que el PP quiere presentarse, como es exigido para ganar las elecciones generales, como un partido centrado. Muchos habían amagado antes, incluida la propia “lideresa”, pero ha tenido que ser el “Macho Cascos”, quien haya tomado la iniciativa de lo que puede ser la aparición de un “tea party” a la española (vista la bronca personalidad de su líder asturiano, un “cazalla party”).

Buena noticia, insisto. No ya por el perjuicio electoral que esa división supondría para el conjunto de la derecha, sino porque siempre es bueno aclarar posiciones, saber qué tipo de derecha nos quiere gobernar, y si es acaso esa que ha estado lamiéndose las heridas en su oscura caverna desde la desaparición de su añorado caudillo.

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